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viernes, 8 de julio de 2011

Capítulo 7: funeral

Todo lo que quedaba de tarde la pasamos recibiendo las visita de los familiares y amigos. También hablé con mi tío Héctor sobre mi casa y él encantado accedía a recoger lo que quedaba, guardarlo y poner la casa en alquiler. Echaría mucho de menos mi casa los recuerdos que tenía en ella eran, con o sin mi don, inolvidables.  También vinieron mis amigos a ver que tal estaba y también vino Mario y le estuvo lanzando chispas con la mirada a Aitor. 
-¿Quién es ese qué está con Laia?- me preguntó Mario.
-Se llama Aitor y es el hijo de Rafael el subdirector del internado al que vamos a ir- le expliqué- ¡Ah! que no te he contado, Laia y yo nos vamos a un internado al sur- se me quedó mirando sorprendido como si la noticia le doliera.
-¿Entonces este será el último día que estaréis en esta casa?- asentí- ¿cuándo os marcharéis?
-Nos vamos mañana por la tarde me imagino que el funeral es por el mediodía y nos iremos lo más temprano posible.
-Os vamos a echar muchísimo de menos...- suspiró, me miró y sonrió.
-Y nosotras a todos vosotros, nunca os olvidaremos- le abracé- gracias por venir.
-Para eso están los amigos- sonó el teléfono fijo y fui a cogerlo.
Así estuve toda la tarde de un lado para otro recibiendo llamadas, correos electrónicos y visitas. Cuando se fue todo el mundo me tumbé en el sillón al lado de Pablo, que vino lo más rápido que pudo de su casa. Pablo me pasó un brazo por los hombros y me dio un beso en el pelo.
-Mañana me marchó por el mediodía.
-Si, será la última vez que nos veamos me imagino.
-Ya lo se, que pena que no podamos tener esa cena del viernes- le dije mirándole a sus ojos marrones.
-Podríamos tenerla esta noche, pero creo que estarás demasiado ocupada- suspiré, quería tener esa cita pero creo que no podía ser.
-Ya, no te imaginas cuanto estaré ocupada... esta noche tengo que ir al tanatorio y no dormiré nada- dije algo triste.
-Tendrás que dormir mañana te espera un día muy, muy largo.
Laia estaba hablando por teléfono, le había cedido la tarea estaba ya cansada de tener el auricular en el oído todo el tiempo. Me acomodé mejor al lado de Pablo y cerré los ojos para relajarme un rato. Miles de imágenes de mi pasado invadieron mi mente. El día en el parque de atracciones, el fin de semana de pesca con mi padre... Toda mi vida pasó delante mía y empecé a llorar, nunca los volvería a ver y no podría volver a tener aquellos felices momentos.
-Gaby, ¿qué te pasa?- me preguntó preocupado limpiándome las lágrimas.
-Nada, recordando- dije sonriendo.
Me levanté para ir a la cocina para comer algo para merendar, decidí cogerme una bolsa de patatas Lays que teníamos guardadas por ahí. 
-¿Quieres?- le ofrecí a Pablo cuando ya estaba sentada.
-Claro.
-Gaby, ¿mañana a qué hora saldremos?- me preguntó mi hermana.
-Cosa así de las dos, creo yo pregúntaselo después a Rafael. 
-Vale, tendré que coger ropa de la maleta, luego volver a ordenar la ropa que no me voy a poner... pfff...- y siguió hablando por teléfono.
-Tu hermana hace una montaña de un grano de arena en serio- dijo Pablo con una sonrisa.
-Ya me lo dirás a mi que la veo todos los días y con la ropa y creo que se prepara unas tres horas antes de alguna fiesta...
Laia con la ropa era muy perfeccionista y se tomaba mucho tiempo en arreglarse para ir a alguna fiesta o salir por las noches. Ella era así, una chica irresponsable, tan dulce que resultaba empalagosa e impulsiva. Deseé por unos momentos ser así (menos lo de ser dulce por supuesto), sin preocupaciones que te nublen los pensamientos, ni pensar en lo que haría mañana, todo saldría espontáneo sin pensar en los movimientos que haría. Yo era una persona que siempre pensaba en todo antes de llevar acabo una acción. Desde que teníamos uso de razón ya nos calificaban como yo la responsable y ella la irresponsable.
-¿Vendrás alguna vez a visitarnos?- dijo Pablo despertándome de mis ensoñaciones.
-No lo sé, pero imagino que si algún día que pueda os vendré a visitar- le sonreí sin yo creerme lo que había dicho.
-¿En serio?, no pareces muy convencida.
-Es que ahora estoy intentando ordenar todos los pensamientos de mi cabeza e intentando asimilarlo todo.
-Bueno tu tranquila e intenta relajarte un poco que hoy seguramente lleves un día de locos- me dijo con una sonrisa.
-Y todavía lo que me espera. 
Me levanté para irme a mi habitación a relajarme un rato. Creo que Pablo interpretó que quería estar sola unos momentos y veía que eso era lo que ahora mismo necesitaba. Entré en mi habitación y cogí mi guitarra para ponerme a tocar un rato para olvidar. Siempre que me enfadaba, estaba triste o simplemente quería olvidar me ponía a tocar hasta que se me pasaba, era como una medicina o como unos vasos de whisky. 
-Que milagro tiene que pasar para que me ames, que estrella del cielo a de caer para poderte convencer...- empecé a cantar la canción favorita de mi madre de David Bisbal, la ya tan conocida canción de "Mi princesa".
Alguien entró en mi habitación y se sentó a mi lado, pensé que serían o Pablo o Laia pero era Aitor.
-¡Vaya que bien tocas la guitarra y sabes cantar muy bien!- me dijo sorprendido como si no conociera a mucha gente que supiera hacer esas dos cosas o más.
-¿Es qué conoces a poca gente que sepa cantar y/o tocar un instrumento?
-Si...en el internado solo hay unas pocas personas que sepan tocar un instrumento, entre ellas mi compañero de habitación, y la única persona que conozca que sepa cantar más o menos bien es Dana.
-¿Quién es Dana?- le pregunté ahora yo con curiosidad.
-Es una chica muy creída que piensa que su don es el mejor de todos, pero luego resulta que es una mierda comparado con el tuyo, el de Laia o el mío...
-Es que el tuyo es espectacular- le interrumpí y él me dedicó una sonrisa.
-Gracias, pero a lo que íbamos que ella es un detector de mentiras.
-¿Un detector de mentiras?- le pregunté poniendo cara de no saber lo que me estaba hablando.
-Si... ella es capaz de saber cuando alguien miente o dice la verdad y se cree muy importante al utilizarlo.
-Y tu compañero de habitación, ¿qué es capaz de hacer?
-Míralo tu misma- me dijo tendiéndome la mano para que se la tocara.
Le toqué con la yema de los dedos y me concentré en buscar a ese chico. 
-¿Cuándo le puedo encontrar?
-Ayer noche antes e irnos a dormir- se rió.
Busqué donde él me dijo y le encontré a Aitor sentado en una cama mientras su compañero de habitación levantaba con una mano su cama. Me quedé con la boca abierta.
-¡Guau! Que fuerte es.
-Ethan es capaz de ser tan duro como el diamante o ser tan blando como la plastilina y también puede ser tan fuerte como un toro, por poner un ejemplo... Se podría decir que es capaz de cambiar la estructura su cuerpo a su antojo...
Me concentré en aquél muchacho al que había llamado Ethan. Era un poco más alto que Aitor y tenía el pelo negro y los ojos de un verde azulado. En resumidas cuentas, era muy guapo. 
-¿Tenéis los dos la misma edad?
-Si aunque él ya tiene los 17 recién cumplidos y a mi me faltan un par de meses para cumplirlos, ¿y vosotras también tenéis 17 años no?
-Casi casi, los cumplimos el 21 de agosto.
-Yo los cumplo en octubre, el 5 para ser más exactos... ¿Desde cuando cantas?
-Desde que tengo 3 años- me encogí de hombros.
-¿Sabes tocar la de Telephone de Lady Gaga?- dijo pasando uno de sus dedos por las cuerdas de mi guitarra.
-Claro que si- y empecé a tocar.
Toqué un par de canciones más que Aitor me pidió y luego se fue a la habitación de Laia seguramente a charlar con ella. Seguí tocando un rato más hasta que unas lágrimas vinieron a mis ojos y me llevé las manos a la cara. Pablo me vio como estaba y se sentó a mi lado para abrazarme. 
-Me tengo que ir ya a mi casa...- susurró.
-Vale- dije con un sollozo y me limpié las lágrimas- te acompaño hasta la puerta.
Nos fuimos hasta la puerta de entrada y allí me abracé a él lo más que pude. 
-Gracias por haber venido- le dije dándole un beso en la mejilla.
-De nada, te veo luego en el tanatorio ¿vale?- asentí.
Salió por la puerta y antes de irse me guiñó un ojo. Después de eso me fui a la cocina y me sorprendí de que eran las ocho y media de la noche. Decidí ponerme a hacer la cena, no tenía otra cosa más que hacer y además tendría la mente despejada durante un corto periodo de tiempo. Cogí los ingredientes para hacer una tortilla de patatas e hice unas albóndigas con tomate. Esta vez Laia y Aitor ponían la mesa y Rafael hablaba por el móvil con la funeraria para organizar el funeral que tendría previsto celebrarse a las cuatro de la tarde. Después de cenar me fui a poner unos pantalones piratas, una camiseta morada con letras y unas deportivas. Me deje el pelo suelto y liso sin peinarme si quiera. Laia salió con una camiseta verde, unos shorts negros y unas converse del mismo color que el pantalón. Me miró y me dio un pequeño abrazo antes de irse a peinar al baño. Fui al salón y Rafael nos estaba esperando en el sofá con Aitor justo al lado de él.
-¿Y Laia?- preguntó Aitor.
-En el baño terminándose de peinar- rodé los ojos y cogí las llaves que habían encima del mueble del salón. 
-Ya estoy, ¿nos vamos?
-Vamonos- dijo Rafael dedicándonos una sonrisa.
Entramos en el coche negro de Rafael, yo me puse delante y Aitor y Laia detrás. Mientras nos dirigíamos por el tanatorio estuve mirando por la ventanilla las calles de mi última noche en Madrid. Quería bajarme del coche y andar y andar sin parar por las calles de la ciudad donde nací y me crié. La echaría de menos, eso seguro, pero no podía hacer nada para remediarlo. Llegamos al tanatorio increíblemente rápido y entramos en el edificio de apariencia agradable para el sitio que era. Numerosos familiares nos vinieron a dar el pésame y a saludarnos. Me fui a la sala donde estaban mis padres, me senté a su lado y se me saltaron las lágrimas. Estaban en los ataúdes quietos, con los ojos cerrados como si estuvieran dormidos, sin poder decirme ni una palabra de consuelo. 
-Lo siento- repetí en susurros una y otra vez.
Laia también entró, se sentó a mi lado y me abrazó. Ella también lloraba, pero estaba en silencio sin decir nada. 
-Ven vamos fuera que aquí nos encontraremos peor- sugirió.
-Vale.
En el vestíbulo del edificio había unos sillones con una mesita en medio y en ellos estaban Aitor, Rafael, Sofía y Laura que venían a vernos. La noche transcurrió entre lágrimas mías viendo por última vez a mis padres y abrazos de parte de todos. Fue la peor noche de mi vida, nunca había llorado tanto como lo hice en esa noche. Cosa así de las dos de la mañana volvimos a casa y me fui directa a la cama. Quería estar sola, sin nadie que me molestara a mi alrededor y me puse el edredón sobre la cabeza. Mi hermana entró un rato después y se tumbó a mi lado, quitándome el edredón de la cara.
-¿Puedo dormir hoy contigo? Yo no puedo- puso la voz más dulce que pudo.
-Vale- contesté haciéndole un hueco a mi lado.
-No me quiero ir.
-Yo si que quiero, piensa el lado positivo habrá más gente con nosotros.
-Ya lo se, pero aqui es donde están mis amigos, mi familia... Todo- dijo alzando un poco la voz.
-Pero mira, si nos quedamos, ¿cómo controlaremos bien nuestros poderes? Y además ya no verías a Aitor...- insinué.
-A mi Aitor no me gusta- dijo sonrojándose.
-No , claro que no- dije sarcásticamente.
-Que no-siguió negando con una sonrisa- Y tu no niegues que echarás de menos a Pablo...
-Claro que le echaré de menos idiota. ¿Cómo no le voy a echar de menos?
-Lo que de verdad vas a echar de menos de él es que no vais a tener esa cita- sonrió maliciosamente.
-¡¿Cómo te has enterado?!
-No te acuerdas, tengo visiones y está vez me tocó verte a ti y a Pablo- se empezó a reir- y hacíais más que hablar- me dijo riéndose.
-Calla- cogí una almohada y se la tiré a la cara.
-Vale, me lo merecía- nos empezamos a reír.
Estuvimos un rato hablando y al final nos quedamos dormidas. Me desperté a las nueve y media de la mañana por el ruido en el salón. Escuchaba a Laia y a Aitor reírse y haciendo ruido. Me levanté a regañadientes y me fui directa al salón como si anduviera borracha. Les vi en el sofá uno encima del otro haciéndose cosquillas y riéndose a carcajadas.
-Ejem...- dije alto para que me escucharan- me habéis despertado.
- Lo siento- dijeron a la vez mirándome con una sonrisa.
Me fui a desayunar sin apenas saborear la comida y sin darme ni cuenta. Me encontraba algo vacía, sin ganas de hacer nada tan solo quería tumbarme en mi cama, ponerme los auriculares y escuchar la música a todo volumen. Pero sabía que eso no podría ocurrir hoy. Llevé el plato al fregadero y me fui derecha a mi habitación a cambiarme de ropa. Me puse un vestido corto de color negro y unos tacones del mismo color. En el pelo tan solo me hice un moño y ayude a mi hermana a plancharse el pelo. Mi tío vino a ayudarnos con las maletas y para que le demos las llaves de la casa antes de irnos de allí. Echaría mucho de menos Madrid con sus calles, sus monumentos, el incansable ruido del tráfico... En fin, todo lo bueno y lo malo de Madrid. Nos fuimos al cementerio y allí nos esperaban todos mis amigos y familiares. Laura vino a mi lado rápidamente y me dio un gran abrazo, sería el último. El funeral fue muy emotivo, Laia pronunció unas palabras muy bonitas en un discurso en el que lloré como una magdalena. He de reconocer que mi hermana en estos casos sabe hacerlo muy bien. Pablo me agarró de la cintura y me consoló todo el tiempo que necesitaba. Al terminar el funeral, nos fuimos a comer todos juntos a un restaurante cerca de mi casa y nos tomamos algo para el largo viaje que nos esperaba. 
-Llámame para contarme que tal vas en el internado y me cuenta todo-me sonrió Laura- y me das un toque cuando llegues, ¿entendido? 
-Si- le di un beso en la mejilla y ella me correspondió con otro.
-¿Gaby- me dijo Pablo cogiéndome de la mano- puedes venir?- asentí.
Me llevó a la parte trasera del restaurante y nos sentamos en uno de los sillones. 
-Dime- le dije con una sonrisa.
-Bueno.. es que yo...- se llevó una mano a la nuca- te voy a echar muchísimo de menos- me abrazó.
-Yo también- le susurré en el oído.
Se separó de mi y cogió mi rostro entre sus manos. Empecé a respirar con dificultad y se acercó mucho a mi. Pensé que me iba a besar, pero en lugar de eso me dio un suave beso en la frente. 
-¿Qué pasa?- le pregunté cuando me miró a los ojos.
-Nada...- se quedó callado y se levantó.
-Pablo espera- le agarré del brazo y se detuvo en el sitio- me querías besar y en vez de eso me das un beso en la frente, ¿qué te ocurre?¿No querías que nos besáramos?
-Si... pero- se llevó una mano a la nuca- no quiero besarte cuando ya no volveré a verte. Y quien sabe si en ese internado encuentras a otra persona y te olvidas de mi- suspiró- no quiero estropear nuestra amistad con un beso, lo siento. No se me dan bien las relaciones a distancia.
-Lo comprendo- le solté del brazo.
-Te quiero, pero esto no podría funcionar. Quedémonos como amigos- me volvió a abrazar. 

-De acuerdo, nos quedaremos como amigos.
-¡Gaby!- gritó mi hermana buscándome- ¡Ah! Estás aquí,venga que nos vamos.
-Voy, ¿vamos?- le pregunté a Pablo y este asintió.
Al salir del restaurante nos despedimos de todos nuestros amigos y familiares. Lloré todo el tiempo, seguro que no los volvería a ver en mucho tiempo. Laia y Aitor se subieron en la parte trasera del coche mientras que Rafael y yo en la delantera. Me puse los cascos y la música a todo volumen para despejarme y dejar de pensar, al menos durante un rato. Me esperaban unas seis horas de viaje para llegar a lo que sería a partir de ahora mi casa y mi familia.




Buenas a tod@s!!!! Espero que esteis pasando unas muy buenas vacaciones de verano y que las notas hayan sido igual de buenas =) Siento la tardanza de este capitulo, me quede sin inspiración y luego con los exámenes y trabajos no he tenido nada de tiempo XD Tengo nuevas noticias: he creado un nuevo blog que se llama http://analasrosasrojas.blogspot.com/ Espero que os guste tanto como este.
Tambien me podeís encontrar en el blog de una amiga mía que se llama Andrada aqui os dejo el link: http://famosos4ever-andrada.blogspot.com/
Un beso para todos!!!